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LA LEY DE CAUSA Y EFECTO.
Creen los Rosacruces Cristianos en la Ley de Consecuencia?




En el capitulo 17 de Mateo, versos 11, 12, 13, Jesús dio a sus discípulos una muy hermosa demostración de la filosofía del renacimiento. Después de su transfiguración dijo claramente que Elías ya había venido y que los discípulos entendieron que se refería a Juan el Bautista. El capitulo 8 de Job y la ultima parte del capitulo 19 nos habla del renacimiento. Los Rosacruces enseñan que todas las causas puestas en acción en una vida no maduran en la misma existencia y que las cosas deben llegar a un estado de madurez, que "Lo que el hombre siembra, eso mismo cosechará. " Esta es una de las Enseñanzas bíblicas, que el hombre debe recoger su propia cosecha de las semillas que sembró, buenas o malas. Por lo tanto, cada individuo pasa por cierto numero de vidas durante las cuales construye el carácter. Es en esta etapa de su vida que disfruta de sus buenos actos del pasado o sufre los resultados de sus malos actos. Cada vida es un día en la escuela, donde el espíritu aprende sus lecciones. Se nos dice en el Génesis que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza;y si el hombre esta hecho de manera divina, debería también llegar a ser tan sabio como el Padre que lo creó. Naturalmente este estado de perfección no puede alcanzarse en una sola vida, sino que se necesita del lento proceso de la evolución para que el hombre haga que su chispa divina sea sabia y conozca todo como su Padre en los cielos.
La vida es como una escuela: la doctrina de Renacimiento y la ley de Causa y Efecto. Estas enseñanzas ofrecen una visión dualística; sostienen que el hombre es un espíritu que encierra todos los poderes de Dios, como la simiente encierra la planta, y que estos poderes se desenvuelven poco a poco en una serie de existencias dentro de un cuerpo terrenal que mejora gradualmente; asimismo, que este proceso de desarrollo se ha llevado a cabo bajo la guía de seres exaltados que coordinan todavía nuestros pasos, aunque su influencia va disminuyendo a medida que adquirimos intelecto y voluntad. El hombre es visto como un Espíritu que asiste a la escuela de la vida con el propósito de desarrollar sus poderes espirituales latentes y con este fin vive muchas vidas en cuerpos terrestres, de cada vez mejor contextura con el fin de que se exprese cada vez mejor. (al mejorar su carácter). Conectado con el Renacimiento se halla la "Ley de Causa y Efecto " – la ley más fundamental del destino humano, que no es una ley estática y por medio de la cual podemos constantemente generar nuevas causas que generan nuevo destino que permita balancear el pasado y mejorar el antiguo destino y enseña que todas las causas puestas en acción en una vida no pueden madurar en la misma existencia sino que "Lo que el hombre siembra, eso recogerá".
¿Te has dado cuenta de que cada acto que llevas a cabo, cada emoción que te embarga y cada pensamiento que emites repercute, constructiva o destructivamente, en tu salud, en tu ambiente y en tu destino? En el universo de Dios nada se deja al azar. Y nosotros, como seres en evolución, somos los causantes de todas las cosas, buenas y malas, que nos suceden en la vida. No nos es fácil darnos cuenta de nuestras flaquezas, penas ni dolores, ni de nuestras virtudes, talentos y alegrías, aunque es cierto que siempre cosechamos lo que sembramos, en cumplimiento, siempre justo, de las Leyes de Causa y Efecto y de Renacimiento. De manera que, si nuestros males se han creado a sí mismos mediante actos, deseos o pensamientos erróneos, tienen necesariamente que poder también curarse a sí mismos mediante actos, pensamientos y sentimientos correctos, lo que nos permitirá vivir en íntima armonía con el Plan Divino y acercarnos más a Dios, fuente de toda vida.
Siendo Dios justo y bueno, no permite que nada, ni bueno ni malo,nos suceda sin merecerlo. Si, en su infinita sabiduría y misericordia, permite que suframos como consecuencia de nuestras erróneas actividades mentales, emocionales o físicas es sólo para que aprendamos las lecciones que no podemos o no queremos aprender de otra manera.
Éste es uno de los fines principales de la existencia de la experiencia ya que, desde el punto de vista cósmico, la experiencia es lo que más nos conviene, por dura que sea. Sin embargo, la aceptación de esas leyes no debería conducirnos a considerar, desde un punto de vista fatalista, todo lo concerniente a nuestros males, vida o destino. El hecho de que las leyes de la naturaleza, que son las leyes de Dios, hayan sido violadas, no significa que la enfermedad y el sufrimiento sean inevitables. En efecto: existe el perdón de los pecados, que Cristo nos enseñó.
En un artículo titulado “¿Podemos cosechar sin sembrar?”, Max Heindel explica lo anterior de la siguiente manera: “Todas las leyes de la naturaleza, incluso la Ley de Consecuencia y sus Aplicaciones a la vida humana, están bajo la dirección de Grandes Seres de sublime espiritualidad y superlativa sabiduría. La ley no trabaja a ciegas, rigiéndose por el principio de “ojo por ojo y diente por diente”, sino que esos Grandes Seres y sus colaboradores administran todas las cosas con una sabiduría que está más allá de la comprensión de nuestra mente finita. Algunos podrán pensar que no hay medio de escapar a las deudas del pasado. Pero sí lo hay.
Hemos repetido muchas veces el hecho de que Dios o la Naturaleza o los Colaboradores de esa Gran Ley, nunca la aplican en todo su rigor. Estamos aquí, en este gran esquema de la vida, protegidos por esas leyes, que han sido establecidas para beneficiarnos y no para perjudicarnos, aunque, realmente, nos limiten; igual que nosotros limitamos las libertades de nuestros hijos para protegerlos de los peligros derivados de su inexperiencia.
Cuando, por nuestras acciones del pasado, hemos dejado atrás ciertas deudas pendientes, que algún día habrán de ser saldadas, pero, reconociendo nuestros errores, vivimos una nueva página de nuestra vida, en armonía con las leyes que habíamos infringido, esa acción borra las consecuencias de los errores pasados y los Agentes de la Gran Ley, al ver nuestra enmienda, en ese caso particular, dejan de infligirnos los
sufrimientos a los que nos habíamos hecho acreedores. En eso estriba la diferencia entre los puntos de vista fatalista y espiritual. La mano de Dios, por intermedio de Sus Agentes, está en todas partes, desde en los grandes fenómenos, como el paso de un planeta por su órbita, hasta en los más triviales, como la caída de un gorrión. Todo está bajo Su cuidado amoroso y, por consiguiente, todo lo que nos sucede está en armonía con el Gran Plan Divino. Y, ciertamente, que ese Plan no puede ser fatalista”.