SECCIÓN I
Preguntas referentes a

L A V I D A E N L A T I E R R A

PREGUNTA Nro.1

¿Si somos espíritus puros y parte de un Dios omnisciente ¿Por qué fue necesario que hiciéramos este largo peregrinaje de pecados y dolores a través de la materia?

Respuesta:

Al principio de la manifestación, Dios diferencia dentro de Sí Mismo una multitud de inteligencias espirituales potenciales, como las chispas que emite un fuego. Esas inteligencias espirituales eran, pues, llamas o fuegos potenciales, pero no eran aún llamas, porque, aunque dotadas con la omniconciencia de Dios, carecían de la conciencia de sí mismas; siendo potencialmente omnipotentes como Dios, les faltaba el poder dinámico utilizable en cualquier momento, de acuerdo con su voluntad; y con objeto de que se pudieran desarrollar esas cualidades, fue indispensable que pasaran por la materia. Por lo tanto, durante la involución cada chispa divina fue encerrada en varios vehículos de suficiente densidad como para cerrar el mundo a su conciencia. Entonces, el espíritu interno, no pudiendo estar más en contacto con lo externo, se vuelve y se encuentra a sí mismo. Con la conciencia de sí empieza la lucha del espíritu para libertarse de su prisión y, durante la evolución, los diversos vehículos que el espíritu posee, se espiritualizan convirtiéndose en alma, así que, al final de la manifestación, el espíritu no sólo habrá obtenido la conciencia de sí mismo, sino también poder anímico.

Hay cierta tendencia en muchas personas a creer que todo lo que es, es el resultado de algo anterior, no dejando así lugar alguno para algo original. Los que estudian la vida, hablan solamente de involución y evolución; los que estudian la forma es decir, los científicos modernos, se relacionan con la evolución solamente, pero los más adelantados de entre ellos están emp
ezando ahora a encontrar otro factor, que han llamado epigénesis. Ya en 1757, Gaspar Wolff emitió su Theorea Generationis, en la que se muestra que, en el desarrollo del óvulo, hay una serie de nuevas formaciones, no determinadas por lo ya efectuado, y Haeckel, endosando esa obra, dice que en nuestros días no está justificado llamar "teoría" a la epigénesis, porque es un hecho que puede demostrarse en el caso de las formas inferiores, cuyos cambios son rápidos, lo que puede observarse por medio del microscopio. Desde que se le dio la mente al hombre, ese impulso creador original, la epigénesis, es lo que ha sido la causa de todo nuestro desenvolvimiento. Ciertamente, construimos sobre lo que ya ha sido creado, pero hay además algo nuevo, debido a la actividad del espíritu, y es en esa forma que nos convertimos en creadores, porque si sólo imitáramos lo que ya ha sido hecho por Dios o por los Ángeles, no nos sería nunca posible convertirnos en inteligencias creadoras: seríamos simples imitadores.

Y aún cuando cometamos errores, puede decirse que, muy frecuentemente, aprendemos mucho más de nuestros errores que de nuestros éxitos. El pecado y el sufrimiento de los que habla el preguntante, son meramente el resultado de los errores que hacemos, y su impresión en nuestra conciencia nos obliga a obrar en otros sentidos que encontramos son buenos; es decir, que están en armonía con la Naturaleza. Así que este mundo es una escuela de desenvolvimiento y no un valle de lágrimas en el que hubiéramos sido colocados por un caprichoso Dios. (Véase la pregunta núm. 9.)